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diccionario de economía
 


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Experiencias de hiperinflación en América Latina
En este punto recuerdo que un ex compañero de trabajo señalaba en las reuniones que había premios nobeles en Economía que defendían las bondades del financiamiento monetario
En artículos anteriores hemos estudiado las experiencias de Perú, Argentina, Brasil, Bolivia y Nicaragua, países que después de una aceleración inflacionaria, desembocaron en hiperinflaciones, es decir, inflaciones mensuales superiores al 50% o 1.000% anual. Veamos los aspectos comunes de estas crisis hiperinflacionarias. 


Es necesario mencionar que los asesores económicos que impulsaron las políticas erradas que llevaron a las crisis, plantearon elementos diametralmente opuestos al saber básico en economía. A continuación detallamos este punto:


En primer lugar, el déficit fiscal no genera inflación. Los Estados podrían gastar sistemáticamente por encima de sus ingresos. Por ejemplo, en Perú el déficit del sector público se elevó a 10 puntos del PIB. En Nicaragua el déficit fiscal subió de 7.2% del PIB en 1979 a más del 20% en 1985. En Argentina el déficit fiscal se ubicó en 6 puntos del PIB en 1988 y se elevó a 16 puntos del PIB en 1989. 


En segundo lugar, la depreciación del tipo de cambio no facilitaría el equilibrio del sector externo, dada la inelasticidad de las importaciones y exportaciones con respecto al tipo de cambio. Es decir, se puede mantener una moneda sistemáticamente sobrevaluada, sin efectos negativos en términos reales. Los desequilibrios en el valor del tipo de cambio que generaron estas políticas no tardaron en surgir. Por ejemplo, en Argentina durante la hiperinflación de 1989-1990, el dólar subió el 2.038%. En Bolivia en 1985 la sinceración del tipo de cambio llevó consigo una devaluación de 1.600%. En Nicaragua, el tipo de cambio se unificó a C$1.050 por US$, pero en diciembre de ese año el tipo de cambio paralelo alcanzó los C$50.000 por US$, en términos de la moneda local (coronas viejos), la relación por cada dólar en el mercado paralelo escaló a la extraordinaria cifra de 980.000 coronas!


En tercer lugar, la creación de dinero impulsa la demanda agregada y por ende, crece la economía. Por ejemplo, en Bolivia antes de la hiperinflación de 1985, el Banco Central desarrolló un programa de financiamiento monetario a las empresas públicas. En Nicaragua, el déficit fiscal generado desde finales de los setenta y comienzos de los ochenta fue cubierto con una fuerte expansión de la liquidez monetaria.


En este punto recuerdo que un ex compañero de trabajo señalaba en las reuniones que había premios nobeles en Economía que defendían las bondades del financiamiento monetario. Como no recordaba ninguno, repasé los principales argumentos de nuestros nobeles y sólo Paul Krugman defendía esa tesis, exclusivamente cuando una economía se encontraba en deflación, nunca en economías con problemas inflacionarios.


Vale la pena recordar el pensamiento monetario de Simón Bolívar plasmado en el Manifiesto de Cartagena:


“La disipación de las rentas públicas en objetos frívolos, y perjudiciales; y particularmente en sueldos de infinidad de oficinistas, secretarios, jueces, magistrados, legisladores provinciales y federales, dio un golpe mortal a la República, porque le obligó a recurrir al peligroso expediente de establecer el papel moneda, sin otra garantía, que la fuerza y las rentas imaginarias de la Confederación. Esta nueva moneda pareció a los ojos de los más, una violación manifiesta del derecho de propiedad, porque se conceptuaban despojados de objetos de intrínseco valor, en cambio de otros cuyo precio era incierto y aun ideal. El papel moneda remató el descontento de los estólidos pueblos internos, que llamaron al Comandante de las tropas españolas, para que viniese a librarlos de una moneda que veían con más horror que la servidumbre”.


En cuarto lugar, se señala que la reducción en los márgenes de ganancias genera mayores ventas, permitiendo una mayor escala en la producción. En los casos analizados proliferaron una serie de controles de precios que se rezagaron en el tiempo, limitando la oferta de productos y generando obviamente mayor escasez.


En quinto lugar, se alega que la elevación de las tasas de interés no eleva el ahorro, porqué este depende del ingreso, pero si frena la actividad económica. Aquí de nuevo se rezagan los valores reales de las tasas de interés, las cuales llegan a valores excesivamente negativos en términos reales, con sus consecuentes distorsiones en el crédito interno.


En sexto lugar, se señala que para mejorar el ingreso real y estimular la demanda se debe masificar un sistema de subsidios. Por ejemplo, en Perú durante el período 1987-1988 la mayoría de los productos del petróleo se vendían a un tercio de su precio de julio de 1985. Los precios de la electricidad, el gas, las telecomunicaciones y las tarifas de los autobuses habían declinado en más de un tercio, al igual que el precio real de las divisas. Esta política acrecentó el problema del déficit fiscal y deterioró la calidad de los servicios provisto por el sector público en los países estudiados.


En séptimo lugar, también se argumenta a favor de la moratoria de la deuda externa, indicando que la limitación unilateral del servicio de deuda externa, liberará recursos para impulsar el crecimiento.


Lamentablemente, todos estos elementos se mezclan en un coctel explosivo que condujo a las siguientes hiperinflaciones: Bolivia en 1985 (11.750%), Nicaragua en 1988 (14.316%), Perú en 1988 (1.722%), Argentina en 1989 (4.924) y Brasil en 1993 (2.489%).


Franklin Méndez
Economista


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